domingo, 13 de septiembre de 2015

Antonio Machado: EL DOBLE ESPEJISMO

Somos víctimas—pensaba yo— de un doble espejismo. Si miramos afuera y procuramos penetrar en las cosas, nuestro mundo externo pierde en solidez, y acaba por disipársenos cuando llegamos a creer, que no existe por sí, sino por nosotros. Pero si, convencidos de la íntima realidad, miramos adentro, entonces todo nos parece venir de fuera, y es nuestro mundo interior, nosotros mismos, lo que se desvanece. ¿Qué hacer entonces? Tejer el hilo que nos dan, soñar nuestro sueño, vivir; sólo así podremos obrar el milagro de la generación. Un hombre atento a sí mismo y procurando auscultarse, ahoga la única voz que podría escuchar; la suya; pero le aturden los ruidos extraños. ¿Seremos, pues, meros espectadores del mundo? Pero nuestros ojos están cargados de razón, y la razón analiza y disuelve. Pronto veremos el teatro en ruinas, y, al cabo, nuestra sola sombra proyectada en la escena.

Antonio Machado: "Prólogo a Campos de Castilla", 1917.

Hay en el ser humano una tendencia al exceso. Para colmo, tiene esa tendencia una ceguera de sí en la que se instaura como medida de las cosas.
Cualquier cosa que imaginemos no es tal cosa como objeto, sino como acto de nuestra percepción (imaginación). Como acto, está en pleno proceso de transformación. Ni siquiera la referencia nominal es objetiva, sino que está en pleno devenir, construyéndose, deconstruyéndose
Sin embargo, nuestra memoria y nuestro lenguaje nos proponen lo pensado y lo dicho como tal cual: creemos en nuestros recuerdos y creemos en nuestros enunciados. ¿Qué duda cabe de que cuando digo "tengo un texto delante" estoy cumpliendo con la verdad de mis ojos, de mi mente y de mi idioma? Como si supiéramos qué es el tener, qué es un texto y en qué consiste ese delante. Y si cupiera alguna duda para este enunciado, estaríamos tentados para que se convirtiera en prueba universal de la duda para todos los enunciados posibles.
Porque como humanos, tendemos al exceso y a la ceguera.
Y si lo dijera más veces, y si otros además dijeran esto mismo, se asumiría como verdad o al menos como una idea-sostén para el mundo.
¿Sabemos qué es el mundo? ¿Sabemos qué es el saber? ¿Es acaso la pregunta por el "ser" un mecanismo eficaz para una comprensión adecuada del mundo? ¿Otra vez el mundo? ¿Y el bien?
Pero no podemos empezar a pensar desde cero cada vez, ¿o sí? Tal vez el comienzo sea un acto y no haya objeto dado y terminado que sea el comenzar.
"Un hombre atento a sí mismo"; pero qué objeto es ese sí mismo que uno mismo pudiera percibir más allá de su propia percepción. 
¿Quién puede pretender una definición de sí independiente de las medidas que le son dadas? ¿Qué extraña divinidad es la que puede autodeterminarse? ¿Quién nace sin física y sin lenguaje? ¿Quién sin la presión de su realidad? Y esa realidad, ¿es ese sí mismo o es vecina a sí?; y si es vecina, ¿con qué línea fractal puede definirse su frontera?
Y si no puede medirse a sí mismo pues no se sabe él como medida, ¿con qué medida piensa definir el resto de los objetos? Acaso con la ceguera y el exceso de su creer saber: el saber de las cosas y el saber de sí mismo... o incluso el saber de sus enunciados y sus actos.
M. S. Escher: Banda de Moebius II (rotado a horizontal)

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